“La Escuela de Escultura en Verde del Cementerio de Tulcán” ¿Por qué no?

Ramiro Cabrera

El Cementerio de Tulcán “José María Azaél Franco”, tiene 35 años de haber sido declarado “Patrimonio Cultural del Estado” por el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural. Una distinción importante en el ámbito cultural con repercusiones positivas para la ciudad, de orden económico por el turismo que genera, puesto que se considera un promedio de 100,000 visitantes al año, identitarias porque representa nuestra actitud frente a la muerte por al menos 2,500 años de prácticas funerarias de la Cultura Pasto, porque además, es el escenario del festival de gastronomía ritual más grande de la ciudad y la provincia en el Día de Difuntos, en donde se calcula que participan cerca de 10.000 personas, cientos de artesanos en gastronomía, artistas entre pintores y músicos.

El Cementerio tiene beneficios ambientales que dan sus 300 esculturas gigantes de ciprés, decenas de murallas formadas por cientos de árboles en sus jardines, que son productores de oxígeno para la ciudad.

Es importante recalcar que el patrimonio cultural no se conserva con una declaratoria únicamente, sino es con la gestión y la planificación adecuada que enfrenta los avatares del tiempo.

Es necesario aclarar que el patrimonio cultural si bien se materializa en algo visible y tangible como una edificación, una obra cerámica, una festividad o un bien artesanal; es la parte invisible o intangible la importante. Lo que está en la mente y el espíritu de un pueblo constituye el origen y lo que le da sentido a este patrimonio.

Además, es la cultura de un pueblo en una determinada época la que decide conservar o no tal bien cultural, es decir que hay una valoración social. Si un pueblo considera que debe conservar su patrimonio buscará los mecanismos para hacerlo. Por el contario si pierde su significación, el patrimonio se destruirá irremediablemente.

Las esculturas realizadas por cerca de un siglo por decenas de artistas iniciadas por don Azael Franco Carranco en el año de 1936 hasta su muerte en el año 1985, que luego fue continuada por su hijo Benigno Franco también fallecido en el año 2014 y por don Lucio Reina ya jubilado, autor de la segunda parte de esculturas en el interior del recinto, merecen ser conservadas y algunas restauradas, puesto que se han desfigurado con el paso del tiempo. Para tener una idea de ello, basta mirar archivos fotográficos y cerciorarse que la calidad de las esculturas ha ido decayendo notablemente.

¿Los conocimientos de jardinería y el podado artístico con que fueron originadas estas obras, son los mismos que poseen los jardineros, que en la actualidad laboran en el Cementerio? Ésta es la gran pregunta.

La conservación de la tradición depende del flujo de conocimientos de una generación a otra. Por ello es necesario de que se forme una ESCUELA DE ESCULTURA EN VERDE DEL CEMENTERIO DE TULCÁN para estudiar el legado de sus creadores, profundizando en las técnicas antiguas y modernas en el contexto de la jardinería escultórica en el mundo actual y la capacitación profesional de jardineros escultores en verde. Todo ello fruto de una planificación estratégica y la investigación antropológica.

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