Una voz a una persona privada de la libertad

Ramiro Cabrera

Desde adentro los muros son tan altos como la angustia que llega hasta el cielo, ese mismo cielo que un día te hizo soñar con una vida feliz y que contempló tus primeras aventuras del corazón. Ahora es indiferente y lejano. Hay días que no lo miras cuando sales al patio de la cárcel y debes defenderte simulando ser más fuerte de lo que eres.

Sin embargo, el cubículo del cielo es lo único que te une al mundo, después de todo, es el mismo que mira tu madre. Si pudieras enviarle la última carta que escribiste con una paloma mensajera como en otros tiempos dicen, seria fenomenal.  Si al menos pudieras en fantasía subirte a las nubes y quedarte en el pasado, justo en el día que saliste a buscar una ilusión, tomado de una mano traicionera que te hizo la promesa de días mejores. Si ese cielo se hubiese transformado en tormenta aquel día, para aguar tus necios planes no estarías aquí. Cuando tus planes eran grandes, solo tomaste malas decisiones.

Mujer a veces te sueñas cuando eras una niña, lo bella e inocente, entonces despiertas a una rutina. Nada se parece aquí a una vida.

Y tus hijos, ¿con quien quedaron?, ¿quién los mirará?, ¿quién los cuidará? Percibes el cielo huidizo y quisieras ver el sol guardarse en el horizonte, sería como ver a Dios y él sabría por lo que estás pasando-  te dices.

Entonces, si pudieras escribir tu historia en todos los papeles que arranchas, no acabarías. Pondrías la primera frase y luego no pararías, como abrir un grifo que fluye con estrepito para formar un lago que arrase la cárcel. Pero no puedes, cómo lo harías si tu mano no tiene práctica porque no terminaste la escuela, si tuviste que trabajar para mantener a tu familia.

Quisieras volar, pero dices que tus sueños están enjaulados.

¡Oh, despierta!  ¡No digas eso jamás! Tu cuerpo está preso más no tu espíritu. La libertad interior te pertenece.

Nadie puede poner grillete a tu alma. Nadie puede hacer algo en contra del amor con el que naciste.

Dijo Víktor Frankl, sobreviviente de los campos de concentración Nazis, que: “Las circunstancias externas pueden despojarnos de todo, menos de una cosa: la libertad de elegir cómo responder a esas circunstancias”. O bien te das por vencido, o por el contrario luchas día a día por encontrarle sentido a tu existencia.

Es verdad que cometiste un error, pero no vivimos en un mundo de ángeles perfectos.

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