¡Bienvenidas las garzas a Tulcán!

Ramiro Cabrera

Como un milagro un día llegaron al Parque Ayora de nuestra ciudad, un grupo de garzas blancas, gráciles como una pincelada de nube, elegantes y aristocráticas, una, dos, cinco, diez, sesenta. En el parque más bonito de Tulcán hay un árbol de acacia que ahora es su hogar. Los ciudadanos se preguntan: ¿Estarán de paso?, ¿Qué planes tendrán?, ¿Cuál será su itinerario de viaje?, ¿De dónde vienen, a dónde van?

Las garzas cual turistas refinadas van por lo alto y nos miran inmutables, viajan con una visa que la naturaleza les ha dado hace milenios, por ello, despreocupadas se abrazan con sus alas, construyen sus nidos y ponen huevos verdes y lisos. Han nacido ya sus primeros polluelos desde el mes de mayo.

Alguien se aventura preguntando: ¿Sus polluelos podrían nacionalizarse o nosotros podríamos adoptarlos? Sería fantástico que en nuestro parque y en sus piletas por siempre jugaran.

Un señor maduro adelanta: “¡Ah si mi abuelo viviera! Se emocionaría contándome sobre la magnífica laguna que había en el terminal.  “Allí venían las garzas para nuestros paseos del domingo”- dijera,  “también en el barrio Los Granados frente a la Policía, había un humedal y en las orillas del río Bobo y el Chana solían llegar, pero ahora estos sitios han sido destruidos y urbanizados, y los ríos tristemente contaminados. No aspiro al ver tanta maldad del humano”, sentenciaría.

Curioso quise saber más, hablé con Antonio Pulles un amigo que tiene mucho amor por la vida silvestre, con los jardineros del Parque Ayora, don Bayardo Puetate y Miguelito Paucar, que las miran todo el tiempo y esto me pudieron contar:

Las garzas son buenos padres porque se turnan para cuidar los huevos y para traer comida a su pareja, su menú incluye ratones, sapos y lagartijas, algunos de estos bocadillos se les cae de las ramas, tienen cuatro o cinco huevos en sus nidos y no bajan a tomar agua de las piletas, como se podría pensar, su ruta es de oeste a este, en la línea que cruza por Tufiño y por detrás del aeropuerto.

Sobre la respuesta del porqué han venido, no hay muchas luces y es aquí en donde quiero, mi hipótesis y su significado, ensayar:

Vienen a reconocer los sitios que en otro tiempo habitaron guiadas por la memoria.

Su presencia es la protesta más contundente, porque siendo una fauna silvestre de los humedales y las lagunas, ya no tienen a dónde llegar, nos hace falta meditar sobre el hecho de construir un espacio responsable sin destruir la naturaleza.

En un tiempo de escasez de agua en nuestro medio, ellas protestan, por la mala gestión de éste recurso vital.

Ah!, es necesario precisar, su presencia no ha sido gestionada por ninguna autoridad.

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