Tulcán bohemio (segunda parte)

Ramiro Cabrera

En el 2019 las cosas son diferentes. Intento subirme a este tapete añoso del recuerdo y veo lo que mucha gente mira en la retina de su ayer. Una voz me dice: “Yo me chumé como nunca, por aquella, la bella, la que iluminó la tierra con su gracia y que fue mía”. Entonces pienso con alivio, que en aquel tiempo no fui el único cabezota.

Rescatando los escenarios de estas experiencias vividas, escribí un artículo sobre la bohemia en Tulcán, que luego subí a la red y fue comentado por mis amigos y paisanos como en una minga de la memoria. Muy agradecido por ello y con el mayor respeto a todos, rescato estos aportes:

¿Recuerdan las “cuchufletas” que se vendían en un local de la Bolívar y Junín, adornado con las fotos del ex futbolista el Colorado Vásquez? Era una luz verdosa que lamía la calle en las noches, empieza Gary Guerrón. “No hay que olvidar El Club 70” dice Jairo Cabezas y nos viene la imagen de los jugadores “del bole” con sus dichos y desafíos, a sus anchas y las barras a sus tragos.

Que recordemos el bar “Mil Amores de ese legendario hombre el Parcerito” dice con cariño su hijo Efraín Guerrero.  De los billares de los “Mata Siete” escribe Luis Pabón; en cambio a Martín Noguera le faltan “Las Pachenchas” y a Edison Huertas “Las Ninfas”, nombre que hizo suspirar a muchos en su barrio “Los Chicos Buenos” en el centro de la urbe, nos cuenta.

A Waldemár Obando le llega a la mente el “Bar del Piola” frente a los pollos de los “Cueteros” y a Edison Revelo “Las Pasilleras” de la calle Olmedo (“Las Popochas”), frente a la sede el “Club Colón”. Por su parte, Lualzaro Salazar añade los billares del “Oriental”.

A Rubén Castro le vienen, “La cantina del Pumanta, El Café de las Garrido o ‘La Universidad’ (de la mamá Eloisa Garrido). En la calle Pichincha, en su tiempo, la cantina de La Huaqueña”, en cambio, a Marco Montenegro le sopla el recuerdo “El Último Guantazo, la cantina del Modesto en el Barrio Olímpico y del infaltable ‘piquete’ o café con norteño de la Pichincha y Olmedo”, también recuerda a “El Aserrín”.

“La Gardenia y el Tres Piernas donde libaban los empleados de la Corte” dice Bayron Pérez, en cambio Julio Angulo dice “faltan en la lista Las Ragras, la del Sargento Suárez, entre la Pichincha y Colón y las Villas del Pelón”, aunque por su parte Jhoffre Mejía insiste en que no olvidemos la “Wisquería Rambo” de su época, ¿Cómo no olvidar ese antro si hasta funcionó en el Teatro Lemarie antes de su restauración patrimonial?, me digo.

“Recuerdo el Costa Azul del Sargento Luna en la calle Sucre y Junín (frente al que hoy es el Hotel Sara Espíndola); El Ajedrez, ubicado en Las Juntas; al Sargento Araña, además, a los hervidos llamados ‘ceviches’ que vendían en la cantina de don Celín en la calle Sucre frente al Mercado San Miguel”, nos dice lejanamente en el tiempo Julio Cadena.

Las cantinas de Tulcán que rumorean el cantado pastuso, cual partitura en la palabra de nuestra geografía, se aquietan, la música nacional, la romántica, la protesta se calla.  Las jarras, el “Wisqui siete letras”, el “Norton especial”, reposan, ahí estamos todos otra vez en la memoria.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s