EL CUENTO DEL PELÍCANO FUTBOLISTA

Ramiro Cabrera

Para: “Tato” Alcívar Candela

Quien iba a decir que su afición por una pelota lo llevaría tan lejos. Empezó en los torneos playeros con su equipo “Los Bombarderos de Bahía” en donde fueron invencibles. Su nombre se conoció en todas las playas del país, él era el pelícano capitán, el piloto delantero, el de la patada letal que desinflaba balones y se llevaba por delante, a la retaguardia enemiga con todo y guardametas; inclusive ganaron muchos campeonatos en los manglares de las islas y esteros misteriosos, en contra de los pelícanos curtidos, cual barbarojas del aire, aves poco fiables y traicioneras, en donde salir vivos con el trofeo era la verdadera prueba.

Pero nada se comparaba con jugar en la noche y con aguaje, eso sí era como querer quitarle la guadaña a la muerte para pelar camarones, era para los valientes, porque las peñas escondidas en el agua cual garfios sedientos, podían ser lo último que ves a esa velocidad, volando a centímetros de las olas con el agua hiriente salpicando a los ojos, y así, con el mar que revienta en formidables hachazos contra la costa, alcanzar el arco para gritar ¡goool! Luego, con la victoria obtenida, el vuelo triunfal de los pelícanos bombarderos uno tras del otro, era sobre la alfombra roja del firmamento, con las fotos, los autógrafos para las polluelas y los clubes de fans.

Han pasado 20 años en la vuelta del caracol del tiempo. Su rostro moreno tiene ahora una sonrisa trazada por la brisa. Recordó que la última vez que nos encontramos, las playas estaban tristes porque el país estaba en quiebra, me contó que sus amigos de alto vuelo, le dijeron que era mejor irse de aquí. Y resultó que, días después emigró a Tailandia sin saber ni una pluma de sus idiomas.  Pero a pesar que allá gustaban del futbol playero, los pelícanos estaban más interesados en aprender a bailar salsa y a cantar boleros. ¡Fácil! – me dijo y continuó – al poco tiempo abrí una academia para enseñar ese ritmo con el que fui empollado y me relacioné con las aves más bellas como jamás imaginé. Era muy popular en los bares y hoteles para turistas y estuve a punto de casarme con una hermosa vedette, que me quería solo para sí, iba a colgar mis guayos por ella, pero un día descubrí que tenía una pata normal y otra de cabra. Eso cambió mis planes y salí volando, pues era el mismísimo diablo el que me quería cazar. Al día siguiente dejé Bangkok y volé a Nueva Zelanda, luego la nostalgia, cual anzuelo de sardina, me trajo de vuelta – dijo finalmente.

Planeábamos en la tarde soleada como dos pelícanos reales sobre un mundo sorprendente, mirábamos la isla de arena que la marea baja descubre en la ensenada y que mi amigo de infancia ofrecía en venta embromando a los ingenuos. La isla desaparecía con la pleamar ante sus ojos. El juego más duro de todos es la ilusión – me dijo sonriente.

Gestor Cultural de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo del Carchi. Email: ramirocabrera37@gmail.com

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s