La capitán Mila Arellano

Corría el año de 1900 en Tulcán, fecha que no se olvidará por lo acontecido. Aquella era una época caracterizada por guerras, así como por héroes que custodiaban una frontera compartida con un país grande en tamaño, en el cual, cada cierto tiempo se gestaban ambiciones peligrosas.

Se cumplian cinco años en que muchos sacerdotes católicos y políticos conservadores afincados en la ciudad de Pasto, se habían dedicado a la tarea de organizar ejércitos para derrocar al gobierno ecuatoriano de ideologia liberal que se oponía al clero, ellos preparaban algo importante.

Una chica llamada Mila Arellano es la protagonista de esta historia, de quien no existe una fotografía, solo ha quedado el relato de su valor escrito por el Teniente Coronel Elías Troncoso que participó en la guerra de ese año.

El azar no quiso que tengamos una imagen suya en un papel y solo con nuestra imaginación la veamos, talvez tuvo el pelo largo y lacio recogido en una trenza en su espalda, sus ojos de color marrón, su piel blanca, su figura ligera para cabalgar el corcel, o fue robusta o fue pequeña, no importa.

Era hija del General Rafael Arellano respetado por propios y ajenos como un sólido comandante de ejércitos, sabio y valiente, generoso con el enemigo vencido y un ejemplo de nobleza; fue sobrina del General Nicanor Arellano quien junto a su hermano Rafael fueron nombrados generales por los importantes servicios en defensa de la patria a lo largo de cincuenta años.

En su casa como es natural se hablaba de ideales que de niña no entendía, pero que eran tan importantes como para tener siempre ocupado a su padre, recordaba que junto a sus siete hermanos escuchaban de los labios que emergían de su barba blanca, muchos cuentos de heroísmo, bromas y anécdotas que nadie podía igualar.

Como algo que estaba escrito en el destino, llegó el día en que Mila despidió a su hermano Celín cuando marchó al combate con su padre y luego trajo a casa sus propias historias en donde los buenos eran justos, generosos, que mermaban la riqueza de los terratenientes y sacerdotes.

Entonces se prometió que tan pronto como pudiera empuñar un arma los seguiría con la cabalgadura que ya dominaba y sería también como ellos. Aunque a las mujeres no les fuera permitido, ella sabría conquistar ese mundo de comandantes hombres, total tenia valor, por algo era la hija del más respetado de todos.

Mila Arellano cumplió su objetivo y llegó a ser Capitán del Batallón Pichincha N° 3, el mismo que junto a otras fuerzas ecuatorianas, el día 22 de mayo del año de 1900 estaban prestos a detener el avance de 4.500 soldados desde Colombia cuyo objetivo era invadir nuestro país para derrocar al gobierno.

Esa fría madrugada Mila Arellano junto a su padre y otros comandantes planificaban la defensa de Tulcán que amaneció rodeada por el enemigo en semicírculo tras de la línea limítrofe: desde Rumichaca hasta Chapués por el flanco derecho y desde el río Bobo hasta La Ensillada por el flanco izquierdo.

La Capitán Mila con su batallón conformado por doscientos cuarenta y seis hombres ocupaba la defensa de la Ensillada, colina que tenía enfrente el grueso del ejercito enemigo conformado por tres mil hombres.

Eran las cinco de la mañana cuando se escucharon los primeros disparos.
Continuará…

Por Ramiro Cabrera, Gestor Cultural de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo del Carchi, publicado por Semanario Carchi al Día, edición del 20/03/22.

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