Papá Roncón se ha ido

Papá Roncón con la marimba

«La cultura del Ecuador está de luto, nuestro querido Papá Roncón, Guillermo Ayovi Erazo, se nos ha ido», se lee en la página Plataforma Cultural en Facebook.

Y continúa el escrito: «El Ecuador pierde a uno de los más altos exponentes de la cultura afroecuatoriana. Las marimbas y tamboras lloran su partida. Nos inclinamos reverentes en su memoria».

Entérese

Papá Roncón (Guillermo Ayovi Erazo ) nació en Borbón, Esmeraldas, Ecuador, el 10 de noviembre de 1930. Falleció el 30 de septiembre del 2022. Aprendió a tocar la marimba a una edad temprana con los Chachi. Comenzó a darse a conocer en la década de 1970, primero en su pueblo, y luego a nivel nacional e internacional, con giras en los Estados Unidos, Venezuela, Colombia y Japón. En 2001 recibió el Premio Eugenio Espejo,  por su contribución a la cultura ecuatoriana a través de la práctica y la enseñanza de la marimba y bailes tradicionales. También ha dirigido varias películas, incluyendo documentales. Fundador de la escuela de la cultura tradicional ‘La Catanga’, a través de la cual él ha enseñado a decenas de niños y jóvenes para que toquen marimba y bailen en la provincia de Esmeraldas incluyendo al cantante Karlos Xavier». (Tomado de Wikipedia).

Los monos en la arqueología Pasto

Mono en una ocarina

Para hacerse una idea de la importancia de los monos en la cultura de los Pastos, tenemos este relato que viene de la región Nariñense de Aponte:

“El sacerdote español P. Bazares exploraba la zona en búsqueda de plantas medicinales, cuando tratando de entablar confianza con una familia de esta apartada región, les habló detenidamente del paraíso y sus encantos, pero observó que ninguna impresión hacía el recuento de sus delicias en sus oyentes. El jefe de familia lo sacó de su sorpresa: ¿Había o no monos en el cielo?” (Citado por Edgar Emilio Rodríguez).

En la cerámica arqueológica de Carchi y Nariño existen representaciones estilizadas de varios tipos de monos: El mono de la noche o tuta mono; el mono araña de extremidades grandes y cola prensil extremadamente larga y apariencia abombada de la frente; el mono aullador del que se han encontrado restos en un yacimiento en Piartal.

Los monos están en colgantes de oro, en petroglifos (grabados en rocas), profusamente en la cerámica Tuza en Carchi, en pectorales orfebres en Capulí. El mono parece en el 86% de representaciones en materiales culturales.

Al excavar las casas Pastos al borde del río Chilmá, en la comunidad de Chilmá Bajo, antes conocida como “Machines” que significa mono en la parroquia de Maldonado, se ha constatado que los Pastos enterraban a sus difuntos en profundas cámaras subterráneas en donde depositaban a los muertos con vajillas decoradas con monos y astros (como el sol Pasto).

Los motivos de dos y cuatro monos en la vajilla Pasto, tanto de contextos domésticos como funerarios, están definitivamente asociados a la muerte, los ancestros y el paisaje estelar.

La arqueóloga ecuatoriana Josefina Vásquez se pregunta:

“¿A dónde iban los Pastos al morir? Seguramente se iban al cielo que, en vez del paraíso edénico, habría sido a lo mejor, un paraíso nocturno y oscuro donde el alma podría al fin contemplar a sus venerados monos agitándose en el espacio”

Continúa diciendo que según la mitología de los Miraña del Caquetá en Colombia y por el estudio de varios etnólogos de la región, la constelación de Orión equivale a la de los monos, llamada “Los Tutamonos”. Las cuatro estrellas de su trapecio central serían cuatro hermanos que se convierten en monos.

¿Los Pastos compartieron esta mitología? Se adelanta la hipótesis que posiblemente en épocas remotas vivieron en las selvas orientales para luego emigrar hacia los andes.

Ramiro Cabrera, Gestor Cultural de la Casa de la Cultura Núcleo del Carchi. Museos Casa De La Cultura Carchi

La ciudad de Huaca perdió el palacio de la rana encantada

Vista panorámica de la ciudad de Huaca

El «palacio de la rana encantada» era un manantial que antiguamente frecuentaba el pueblo para aprovisionarse de agua, en él vivían hermosas ranitas que eran la atracción de los visitantes.

El misterio que poco a poco se reveló, era que ellas tenían un secreto, si una persona pasaba por el lugar en horas de la noche y las miraba, una ensoñación lo transportaba a una ciudad hermosa con grandes edificaciones y luces, miraba gente alegre y música agradable, más, su despertar era triste al verse sentado al filo del camino solitario.

Con el transcurso del tiempo un tanque de cemento fue construido en el lugar para recolectar el valioso líquido, después de algunos años la ciudad implementó un sistema de agua potable y el manantial fue cubriéndose de matorrales y algas, ello no impidió a que la gente volviera de vez en cuando para coger sus aguas.

En el borde acostumbraba a posarse una rana grande muy hermosa de color verde con el lomo rojo, blanco y negro, su belleza llamó la atención de algunas personas que quisieron atraparla, pero siempre se las arreglaba para desaparecer, dicen que era de gran tamaño como no se había visto nunca.

Sin embargo, a pesar de las bonitas historias y de los seres maravillosos que vivían en el lugar, el alcalde de ese entonces mandó a destruirlo y a ubicar los tanques de tratamiento de aguas servidas de la vecina población de Julio Andrade. Así desapareció el humedal y la fauna que vivía en él.

El abuelo de 92 años que nos relató estos hechos se lamentaba: «ese fue el peor error que pudieron cometer».

Ahora bien, los habitantes prehispánicos de Carchi y Nariño tenían una consideración especial por los sapos y las ranas, de hecho, la arqueóloga M. V. Uribe (1977) encontró restos óseos de ranas depositados como ofrendas en recipientes en las tumbas en San Francisco, municipio de Carlosama.

Por otra parte, en todo el territorio aparecen representados en un sinnúmero de piezas cerámicas de las faces culturales Capulí, Piartal y Tuza (año 500 a 1500 D.C.). Aparecen además en pictógrafos y una representación orfebre de un hombre-rana del período Capulí.

Para nuestros antepasados la rana representaba el agua que es la fuente de vida, la productividad agrícola, la riqueza y el bienestar.

Escrito por: Ramiro Cabrera, Gestor Cultural de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo del Carchi. Editorial Semanario «Carchi Al Día». 21/08/2022

II Festival de la Canción por festividades de U E José Julián Andrade

El 11 de marzo,en el teatro municipal de San Gabriel, cantón Montúfar, se llevó a cabo la inauguración de las festividades de la institución educativa José Julián Andrade.

Uno de los eventos por las festividades del Patrono, San José, fue la celebración del II Festival de la Canción Nacional, teniendo como repertorio la participación de los niños del Bloque 2, quienes con sus cánticos llenaron de honor y orgullo a su institución.

Maestros, padres de familia y niños disfrutaron de este evento musical.

Montufareños obtienen medallas de plata en Flex Clásic

El pasado 12 de marzo, en el coliseo Leoro Franco, de la ciudad de Ibarra, Karol Segovia, Rómel Chávez y Eliana Reáscos alcanzaron tres medallas de plata en el concurso de fisicoculturismo.

La competencia, llamada Flex Clásic, reunió a los mejores atletas de talla nacional. El gimnasio Mega Maxsgym con sus atletas trajo 3 medallas de plata para San Gabriel, cantón Montúfar.

Karol Segovia
Rómel Chávez
Eliana Reáscos

Los duendes de los Tres Chorros de Tulcán

Esta historia sucedió hace tres años en la casa de un escultor ubicada junto al puente del río Bobo en el sector de “Los Tres Chorros”, lugar que es bastante conocido por la piscina “El Neptuno” que procede de un manantial antiguo como otros que existen en los alrededores, uno de los cuales se llama “Pijuaro”, cuyas ruinas permanecen aún entre la maleza.

Según el escultor las leyendas sobre puente del río Bobo son muchas y para el caso que nos ocupa, coincidentemente fueron el inicio de todo.

Hace tres años un 31 de diciembre acompañado por algunos vecinos participó en el concurso de años viejos organizado por la prefectura y ganaron el primer premio, hicieron el monigote gigante de una bruja, que según dicen, antiguamente hechizaba a las personas haciendo que saltaran al vacío y se estrellaran contra las piedras.

Fue entonces que en su taller empezaron a desaparecer las cosas con las que trabajaba, el martillo, el taladro o lo que estaba utilizando y cuando había buscado por todo el lugar, la herramienta aparecía en el mismo sitio, era como si alguien le hiciera travesuras.

Él creció escuchando y presenciando sucesos de este tipo, como el relato de unas tías que se enduendaron en la casa, luego fue testigo de lo que le sucedió a una prima que tenía siete años como él, la amarraban a la cama para que dejara de jugar en la chorrera junto al puente y cuando se zafaba varias personas la regresaban porque era muy fuerte a pesar de su aspecto débil y enfermizo.

En ese entonces sus tíos ya eran experimentados y la ayudaron, pero en la historia había un detalle extraño: su prima acostumbraba a hablarle a una piedrita de color negro en donde el curandero que la atendió dijo que vivía el duende.

En el ritual lo encerró ahí y les dijo que si en el futuro el mal espíritu salía de la piedra la enduendaría nuevamente, pero por fortuna eso no había pasado, su prima ahora ya estaba casada y tenía hijos.

Luego les sucedió a dos primas pequeñas que desobedeciendo las advertencias de los mayores de no visitar la cueva que existe en la orilla del río frente al Pijuaro, se pararon en la entrada y gritaron: ¿Duende dónde estás? ¡Cógeme si puedes! Eran las tres de la tarde cuando regresaron a la casa, en la noche como a las siete una de ellas flotaba en la cama mientras dormía.

Nuevamente los tíos ayudaron juntando lo necesario para la curación: la crin de caballo, el cabestro de cuero, las velas, el tabaco, el vino consagrado y lo más importante un cuero de un borrego negro.

El escultor que era padre dos preciosas hijitas, de tres y siete años respectivamente temió por ellas, porque sabía que el duende no se limitaría a hacer travesuras. Lo terrible, y que en principio no conocía, fue que siete duendes y no uno solo habían invadido su casa y que además, secretamente hablaban con las pequeñas.

Sin motivo los objetos se caían de los andamios y las hijas del escultor se hundían en el insomnio, adquirieron el hábito de reírse a solas y no asombrarse cuando sus peluches formaban un círculo alrededor de ellas.

En una noche de terror la hija de siete años gritó adolorida que el duende la había mordido en la nuca y sus padres verificaron la marca de una la letra A. Un día despues, ella valientemente usando la cámara de su celular les tomó algunas fotos a esos seres que la atormentaban junto a su hermanita de tres años, y las mostró a su padre.

El escultor y su esposa, que profesaban la fe católica, con estas pruebas irrefutables se dirigieron a pedir ayuda en la Iglesia San Clemente, hablaron con el sacerdote que les mencionó algunos nombres antiguos de demonios que empiezan con la letra A, y les recomendó visitaran a un colega franciscano afecto hacía los exorcismos.

El franciscano de procedencia polaca, al mirar las fotos de los duendes oró, luego les dio agua bendita para que rieguen en su casa, aunque se negó a ir personalmente, y si bien para la familia fue un alivio el haber compartido el problema con los religiosos, en la práctica sus consejos de nada sirvieron.

El paso siguiente fue hablar con los curanderos y brujos de Tulcán, San Gabriel e Ibarra quienes al escuchar el caso dijeron que era superior a sus capacidades, por fortuna en ese momento se enteraron de una curandera indígena del Putumayo colombiano que estaba dispuesta a viajar hasta Tulcán para ayudarlos.

La curandera o chamán era de facciones amazónicas como de sesenta años de edad y tenía por acompañante a una mujer joven que era clarividente. De inmediato la casa y el terreno que se extendía por un cuarto de hectárea a orillas del río Bobo fueron examinados por las dos mujeres, la joven contó siete duendes y dijo que uno de ellos era notable por su peligrosidad.

Cuando llegó la noche, encendieron una hoguera en el patio y bajo la luz de la luna los tíos del escultor trabajaron sacándole la piel a un magnífico borrego negro que habían conseguido en Cumbal, era un sacrificio necesario para salvar a las niñas y fue cruento porque lo pelaron estando aún con vida.

Entre tanto en el interior de la casa siete familiares adultos y dos curanderas se encargaban de cuidar a las pequeñas. Más tarde a las doce de la noche la chamán empezó a canturrear portando dos lanzas de chonta en sus manos. Los hombres fueteaban con el cabestro, soplaban buchadas de trago puntas y fumigaban con el humo de tabaco los espacios, la vidente identificaba a los duendes y guiaba los azotes, todos escuchaban los chillidos de un animal corriendo por la habitación.

Cuando papá y mamá abrazaron a sus hijas fueron sometidos a una presión intensa de alguien o algo que luchaba para que las soltaran, en ese momento la vidente entre gritos dijo que estaban a punto de perderlas y clamó con urgencia por el cuero de borrego negro.

El escultor sintió que una presión lo desvanecía, afortunadamente la chamán estaba presta para ayudarle y le sobó el cuerpo y le dijo que el duende estaba hundiéndole las garras en el pecho para arrancarle el corazón. (Continuará)

Ramiro Cabrera, Gestor Cultural de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Nucleo del Carchi. Publicado por Semanario Carchi al Día. 06/02/2022.